Finlandia: cómo un país de 5,6 millones de habitantes se ha vuelto indispensable para la IA europea
Google acaba de comprometer 13.000 millones de euros en Finlandia en apenas dos años, convirtiéndose en la mayor inversión individual de la compañía en toda Europa. No la destina a un mercado de consumo ya que Finlandia tiene menos habitantes que la Comunidad de Madrid, sino a algo más básico como puede ser tener un sitio donde poner ordenadores y electricidad limpia con la que alimentarlos. Entender por qué ese dinero aterriza allí dice bastante sobre cómo se está repartiendo la infraestructura crítica de la próxima década.
No es una apuesta aislada
Lo interesante de Finlandia no es que tenga una cosa, sino que tiene tres encadenadas: energía, capacidad de cálculo y tecnología propia de alto nivel. Cada eslabón sostiene al siguiente, y esa coherencia es justamente lo que cuesta copiar.
El primer eslabón, el más visible, son los centros de datos: naves llenas de miles de ordenadores (servidores) que almacenan y procesan la información de internet y, cada vez más, entrenan los sistemas de inteligencia artificial. Consumen enormes cantidades de electricidad y generan mucho calor, así que a quien los construye le interesan dos cosas: energía barata y limpia, y un clima frío que abarate la refrigeración. Finlandia tiene ambas. Su red eléctrica está descarbonizada y las temperaturas son bajas casi todo el año.
Por eso Google amplía su planta de Hamina, una antigua fábrica de papel que reconvirtió en centro de datos hace quince años y que se refrigera con agua de mar. Para asegurarse la electricidad, la compañía ha firmado además un acuerdo a 22 años para prolongar la vida de la central nuclear de Loviisa y sumar nueva potencia eólica y de baterías. Y un detalle revela lo bien pensado del modelo, y es que el calor que sueltan los servidores no se tira, se reaprovecha para calentar viviendas a través de las redes de calefacción urbana.
La computación pública como política industrial
Sobre esa base, Finlandia ha instalado supercomputadores de primer nivel. Un supercomputador es, en esencia, miles de ordenadores trabajando coordinados como si fueran uno solo, capaces de hacer en horas cálculos que a un ordenador normal le llevarían años; son la herramienta con la que se entrena la IA y se simula desde el clima hasta nuevos materiales. El supercomputador finlandés, llamado LUMI y situado en la ciudad de Kajaani, es uno de los más potentes de Europa. Y en agosto se firmó su sucesor, LUMI-AI: 387,8 millones de euros y diez veces más capacidad para inteligencia artificial, previsto para la segunda mitad de 2027.
Lo relevante es quién lo paga y para qué. Es una «AI Factory», una figura del programa europeo EuroHPC, el organismo con el que la Unión Europea financia y comparte supercomputación entre países, pensada para que las empresas emergentes y las pymes europeas puedan usar esa potencia de cálculo sin tener que construírsela ellas. Lo cofinancian la UE y un consorcio de seis países (Finlandia, Chequia, Dinamarca, Estonia, Noruega y Polonia), pero la máquina está físicamente en Finlandia.
Tecnología propia que no depende de nadie
El tercer eslabón es el menos visible y el más difícil de improvisar: la computación cuántica. Los ordenadores normales trabajan con bits, que solo pueden valer 0 o 1. Los ordenadores cuánticos usan cúbits, que gracias a las leyes de la física cuántica pueden representar varias combinaciones a la vez; eso les permitirá, en el futuro, resolver ciertos problemas como puede ser el diseño de fármacos, nuevos materiales, logística… inabordables hoy. Cuantos más cúbits estables tiene una máquina, más potente es. Una empresa finlandesa, IQM, surgida del entorno del centro público de investigación VTT, construyó el primer ordenador cuántico de 50 cúbits desarrollado íntegramente en Europa, y ahora prepara para finales de 2027 una máquina de 300 cúbits que, según sus responsables, reunirá el mayor número de cúbits superconductores contratado del mundo.
Lo que deberíamos leer de todo esto
Finlandia ha entendido antes que otros que en la economía de la inteligencia artificial el orden de los factores importa ya que sin energía no hay centros de datos, sin computación no hay modelos de IA, y sin tecnología propia se acaba dependiendo de quien la fabrica. El sur de Europa tiene ventajas que el norte envidia, empezando por el sol, por lo que tenemos que seguir con la misma disciplina antes de que la capacidad instalada la ocupen otros.
Vamos a verlo de cerca
Por eso, el próximo mes el equipo de SemiConecta viajará a Finlandia junto a una delegación de empresas y entidades españolas del sector. El objetivo es conocer sobre el terreno cómo se ha construido ese ecosistema, los centros de datos, la infraestructura pública de computación y los actores de computación cuántica, y entender de primera mano su hoja de ruta: qué planes tienen, en qué orden y con qué apoyos públicos.
Volveremos con conclusiones concretas sobre qué de todo esto es replicable en España y dónde hay margen real de colaboración. Os lo contaremos en próximas ediciones.
Monitoreo de convocatorias
En esta ocasión queremos presentaros dos convocatorias del CDTI de cooperación tecnológica internacional con aplicación en semiconductores:
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España–Taipéi (TSIP, 4ª llamada). Proyectos de I+D colaborativos en energía verde, IA, semiconductores, biotecnología, economía circular y producción avanzada. Plazo hasta el 19 de noviembre de 2026 (hay apoyo del DoIT/ITRI para buscar socio taiwanés). Sesión informativa online: jueves 1 de octubre.
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España–Corea del Sur (KSSP, 4ª llamada). Llamada conjunta CDTI–KIAT centrada este año en materiales avanzados. Plazo del 21 de septiembre de 2026 al 28 de enero de 2027 (inicio de proyectos previsto en agosto de 2027). Sesión informativa: jueves 15 de octubre.
Puedes contactarnos si necesitas más información. ¡Somos parte de la red PIDI!
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Estamos trabajando en un sistema de alertas y una base abierta a finales de 2026.
SemiConecta es un espacio orientado a la conexión práctica entre todos los agentes de la cadena de valor de los semiconductores en España